Me alegro de cada paso que das, de verte brillar cada día más, tanto que puedo percibirlo de lejos.
Has cambiado de ropa, de tallas, de casa y de amigos, pero jamás cambiarás esa sonrisa que ilumina a quien te pase por enfrente.
Me encanta verte ser tu misma cada día más, tomando tus talentos como armas para derrocar tus miedos.
Desde te adiós mucho me ha pasado, me han robado las sonrisas, se han llevado mis últimas esperanzas, menos el sueño de que ese no fue nuestro último beso.
Desde tu adiós, tengo las maletas empacadas y jamás pienso desembarcar, vivo navegando no encuentro cómo tú ningún lugar.
Debo confesar que aún amo y soy víctima de hipnosis con esa sonrisa tuya.
Te extraño, nunca creí aceptarlo, pero tu ausencia en mis madrugadas corrompe mi orgullo.
Desde tu adiós, he conocido el deseo de morir lentamente y el cómo volver a querer vivir.
Desde tu adiós, he aprendido a querer a alguien que le debo tanto, a quien olvide por ti… a mi.
Desde tu adiós, he aprendido a beber el café a solas, y reconocerlo como un placer, como un premio a mi persona.
Desde tu adiós, tuve que reconocer que me quede sin nada, sin ganas sin confianza.
Desde tu adiós solo queda eso un adiós y todos estos recuerdos que por muy duros que parezcan, cómo rocas con el tiempo se irán erosionando, cada día menos irán pesando.
//Luis Marcel
